Camino Hacia Adentro
Quien encontró el camino hacia adentro, quien en el hundirse ardiente en uno mismo el núcleo presintió de la sabiduría, ése elegirá con su sentido a Dios y al mundo como su imagen y su alegoría: cada obra y cada pensamiento diálogo serán con el alma que le es propiaque a Dios y al mundo en sí contiene.
Sin Consuelo
Al mundo primitivo no conducen senderos; no se consuela nuestra alma con ejércitos de estrellas, no con río, bosque y mar. Ni un árbol uno encuentra, ni río ni animal que penetre al corazón; no encontrarás un consuelo sino entre tus semejantes.
Nos es negado ser
Quien encontró el camino hacia adentro, quien en el hundirse ardiente en uno mismo el núcleo presintió de la sabiduría, ése elegirá con su sentido a Dios y al mundo como su imagen y su alegoría: cada obra y cada pensamiento diálogo serán con el alma que le es propiaque a Dios y al mundo en sí contiene.
Sin Consuelo
Al mundo primitivo no conducen senderos; no se consuela nuestra alma con ejércitos de estrellas, no con río, bosque y mar. Ni un árbol uno encuentra, ni río ni animal que penetre al corazón; no encontrarás un consuelo sino entre tus semejantes.
Nos es negado ser
Tan sólo somos corriente; dóciles fluímos en todas las formas:
a través del día y de la noche, a la cúpula y al antro,
nos empuja siempre la sed de ser.
Así vamos llenando formas sin descansar jamás:
ninguna se torna patria nuestra, por suerte o por desgracia.
Siempre venimos de camino, eternos viadores;
no nos llaman ni el campo ni el arado: no cosechamos pan...
... Lo ignoramos.
Se juega con nosotros y somos como arcilla entre sus manos,
callada y maleable, que no ríe ni llora.
Y Dios la amasa, sí, pero nunca la quema.
¡Quedar petrificado algún día! ¡Perdurar!
He ahí nuestras ansias, eternamente inquietas;
mas tras ellas no queda más que un temblor pequeño
que nunca llega a hacerse reposo en el camino.
Así como toda flor se enmustia y toda juventud cede a la edad,
así también florecen sucesivos los peldaños de la vida;
a su tiempo flora toda sabiduría, toda virtud,
mas no les es dado durar eternamente.
Es menester que el corazón, a cada llamamiento,
esté pronto al adiós y a comenzar de nuevo,
esté dispuesto a darse, animoso y sin duelos,
a nuevas y distintas ataduras.
En el fondo de cada comienzo hay un hechizo
que nos protege y nos ayuda a vivir.
Debemos ir serenos y alegres por la Tierra,
atravesar espacio tras espacio
sin aferrarnos a ninguno, cual si fuera una patria;
el espíritu universal no quiere encadenarnos:
quiere que nos elevemos, que nos ensanchemos
escalón tras escalón. Apenas hemos ganado intimidad
en un morada y en un ambiene, ya todo empieza a languidecer:
sólo quien está pronto a partir y peregrinar
podrá eludir la parálisis que causa la costumbre.
Aun la hora de la muerte acaso nos coloque
frente a nuevos espacios que debamos andar:
las llamadas de la vida no acabarán jamás para nosotros...
¡Ea, pues, corazón arriba! ¡Despídete estás curado!
Estamos dispuestos para escuchar con respeto
la música del universo y la música del Maestro
y para evocar en pura solemnidad
los venerados espíritus de los tiempos de gracia.
Encumbrémonos en alas del misterio
que encierran las mágicas fórmulas y leyendas:
dentro de ellas se plasman en clara alegoría
lo ilimitado, lo proceloso, la vida:
suenan como constelaciones cristalinas;
a su servicio cobra sentido nuestra vida,
pues nadie que proceda de su círculo
puede moverse sino hacia su sagrado centro.
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